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Si os gusta investigar sobre las diferentes cocinas italianas, un salto al Friuli es muy aconsejable. Y no lo digo porque nací allí, en el noreste de Italia, tocando Eslovenia, Austria, el mar Adriático y Venecia. Esta región es un mundo que poco tiene que ver con los estereotipos del país de la pizza y de las películas de Fellini.

En Friuli el frico es el plato nacional: se trata de una tortilla de patatas con cebolla y sin huevos, donde el ingrediente ligante es el queso Montasio, un queso de vaca autóctono. Su preparación es sencilla y su aporte calórico contundente, sobre todo si lo comemos acompañados por polenta, como hacen los friulanos. Sus prestigiosos vinos blancos, como el Pinot Grigio o los autóctonos Friulano y Ribolla, de las D.O. Collio o Grave del Friuli, se exportan en todo el mundo, junto con la grappa, otro producto que en esta zona es muy popular.

Terry Giacomello, chef friulano con estrella (Inkiostro, en Parma) con cinco años tras los fogones de El Bulli a la espalda, cuando vuelve a su tierra deja que a cocinar sea la madre: <Amo il musetto e brovada (tocino de cerdo con rábanos fermentados), el salame con axeo (salame con vinagre) y los cjarsons (pasta rellena típica de la zona de la Carnia). Son los aromas de la cocina de mi infancia>.

Para el periodista gastronómico Fabrizio Nonis, las interpretaciones más modernas y suculentas de esta cocina de raíces humildes se pueden encontrar en los restaurantes Da Nando, en Mortegliano, la Subida, en Cormons, y Le Contrade, en Sacile. Mientras, entre las bodegas, nos señala los vinos de Felluga, Zorzettig,  Gravner.y Pie d’Alt de Prepotto

Fuente: Revista Cuina / Marco Bozzer 
Foto: Paola Bozzer